La prensa mundial, haciendo el coro a las usinas mediáticas que genera Washington, han convertido a la República Bolivariana de Venezuela en el plato fuerte del día. Por supuesto que no en ánimo laudatorio: por el contrario, lo que se dice del “régimen castro-comunista” del dictador Nicolás Maduro son las peores barbaridades. Según esa avalancha monumental de “noticias”, lo que sucede en el país caribeño es una crisis de proporciones dantescas, con población famélica que huye desesperada de una dictadura sangrienta.

Organizaciones civiles y sociales colombianas presentarán ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) las preocupaciones sobre el estado actual de la búsqueda, identificación y entrega en caso de fallecimiento, de las más de 83.000 víctimas de desaparición forzada en Colombia. Esta es la cifra oficial del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), pero puede ser mayor según las denuncias de organizaciones de derechos humanos y los subregistros de la información. Es decir, Colombia podría tener entre tres y cuatro veces más personas desaparecidas que las registradas durante la dictadura en Argentina.

Realmente los avances alcanzados en la primera década del Silgo XXI, marco un periodo de intercambios entre la principales países de la región, luego de la derrota de EEUU en la Reunión de Mar del Plata, dio un frenado al intento de profundizar el neoliberalismo en Sudamérica, pero los acuerdos de Argentina apoyado por el presidente Néstor Kirchner, Brasil por el presidente Lula, con el presidente uruguayo del Frente Amplio (FA), Tabaré Vázquez, con el presidente de Cuba Fidel Castro y el comandante presidente Hugo Chávez, marcaron un parado al imperialismo y abrieron el camino a una vía progresista, llegando a acuerdos de intercambio económicos, sociales, culturales, generando una década de prosperidad e integración.