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Zhang Qisan fue un monje budista chino que murió entre 1022 y 1155 (su biografía es un tanto confusa), y era venerado en Yangchun y en Dong Pu, poblaciones situadas en la provincia de Fujian, al sureste del país. Su momia permaneció oculta durante un milenio en el interior de una escultura sedente: un buda que sonríe bañado en oro.

Judith Butler (Cleveland, 1956) no es solo una de las filósofas más influyentes en los estudios de género, sino también, quizás a su pesar, una activista. Es profundamente académica en su discurso, pero no necesita pancartas para hacer llegar su mensaje, porque mide cada palabra que pronuncia y así logra incendiar los corazones. "Aceptamos que todos aquellos que son privados de la vida a través de la violencia sufren una injusticia radical", explica sobre su nueva teoría en ciernes sobre la no violencia. "¿Es posible que algunas vidas sean consideradas enterrables y otras no?", continúa. Casos como el de Ayotzinapa en México, las decenas de miles de desapariciones forzadas o las fosas comunes clandestinas son terroríficas pruebas sobre su análisis. "Matar es la culminación de la desigualdad social", sentencia con frialdad en Guadalajara (México), en una conferencia inscrita en la Feria Internacional del Libro. Butler es recibida como una estrella del rock en el paraninfo de la Universidad de Guadalajara, pintado en 1936 por el muralista mexicano José Clemente Orozco. La feminista estadounidense irrumpe, menuda, entre aplausos y vítores. Su público, en su mayoría mujeres jóvenes, está expectante. Los más desafortunados aún hacen fila, en vano. "Muchas gracias", arranca en un español con un marcado acento estadounidense. Tras escribir una de las obras fundadoras de la teoría queer, El género en disputa (Paidós, 1990), que defiende que ni el género ni el sexo ni las orientaciones sexuales son naturales, sino una construcción social, ahora prepara un libro sobre la no violencia que verá la luz el año que viene.

Es muy cómodo culpar a otros, lanzar piedras y esconder la mano. Señalar a los demás creyéndonos semidioses y jueces con todo el poder para sancionar su doble moral como si nosotros no la tuviéramos también. Cuestionar lo que hacen o dejan de hacer, lo que nunca hicieron y entre más lejos estén es mejor, así no nos alcanzan y no nos encaran y refutan nuestra falta de escrúpulos.

Una mujer talentosa y oaxaqueña que hace unos días una foto suya fue objeto de burlas en la red, desafortunadamente hay personas ignorantes por no decir pendejas que discriminan por un color de piel o porque hablen una lengua de un pueblo originario: náhuatl, mixteco, mazahua, totonaco, otomíe etc. De verdad es motivo de reflexión que un país en la actualidad desconozca sus raíces y no se tenga identidad. Me hace recordar la fábula de la cubeta de cangrejos donde el enemigo de un mexicano es otro mexicano, además de ser clasistas y exista la discriminación entre la mayoría de personas en México.

“El Potrillo” un borracho y cocainomano pone en mal a México alrededor del mundo. Rompiendo fronteras es el nombre de su último álbum y producción discográfica basura número 15. En sus últimos shows ha desepcionado a decenas de miles de personas que se ven estafados en sus presentaciones.