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Integrantes del Observatorio Ciudadano de Coyoacán –que agrupa a intelectuales, artistas, académicos y periodistas– realizaron una asamblea informativa contra el Nu

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Los sacerdotes tenian sexo anal con niños de entre 6 y 15 años durante decadas.

ROMA.- La negativa de los Legionarios de Cristo a incluir el tema de los abusos sexuales en la agenda de su última reunión en Roma ha encolerizado a las víctimas históricas del grupo ultraconservador, quienes difundieron esta semana una nueva carta de denuncia que ha revelado que el escándalo está lejos de haber terminado.

El documento, publicado primero por la prensa estadunidense y filtrado este viernes por algunos grupos de exlegionarios, pide que la Legión reconozca públicamente a todas las personas que han sufrido los abusos sexuales cometidos por el fundador de la congregación mexicana, el fallecido cura pederasta Marcial Maciel.

Además de ello, también se reclama una compensación por los daños psicológicos y el descrédito sufrido, algo que ha dejado en evidencia la exclusión, la sensación de desprecio y de abandono que sienten aún las víctimas, años después del ‘mea culpa’ de los Legionarios en 2014 y de que en 2006 Benedicto XVI reconociera públicamente la doble vida de Maciel.

No obstante, la Legión de Cristo no informó de la existencia de la carta en sus notas y comunicados públicos divulgados en ocasión del Capítulo Extraordinario de los Legionarios, el encuentro de la organización mexicana que acabó el pasado 7 de abril, y en el que también participó el sacerdote Giancarlo Ghirlanda, el jesuita que desde 2014 asesora a la Legión de Cristo por cuenta del Vaticano.

Desprecio

“Como otras tantas veces, hubo desdén, desinterés y desprecio”, dijo José Barba Martin, uno de los firmantes de la misiva y víctima de abusos de Maciel.

“Nosotros les queríamos dar la oportunidad de respondernos con tranquilidad, pero no nos respondieron. Nos ignoraron, pues la verdad es que no significamos nada para ellos. Por esto decidimos hacerla pública”, puntualizó el exlegionario, refiriéndose a la mencionada carta, fechada 26 de febrero en Ciudad de México y enviada al actual director general del grupo, el sacerdote mexicano Eduardo Robles-Gil.

“Se pide a dicho Capítulo una Declaración Pública de reconocimiento de nuestra condición de víctimas de abuso sexual del P. Maciel y víctimas de daños morales, psicológicos y religiosos, incluidos los daños de difamación, calumnia y desprestigio internacional de nuestras personas y figuras sociales”, se lee en la misiva y firmada también por José Antonio Pérez Olvera.

Estos malos tratos “han sido infligidos de manera consistente, continua y prolongada por haber revelado la verdad sobre las conductas perversas del fundador de la congregación de los Legionarios de Cristo y de los colaboradores de la misma y que fueron dadas a conocer a la sociedad internacional y a la iglesia”, escribieron las víctimas.

De acuerdo con la misma, la Comisión de Acercamiento a las Víctimas, creada en 2011 por voluntad del hoy difunto cardenal Velasio de Paolis —en su momento, el comisario papal que vigilaba sobre los Legionarios—, ha fracasado en su misión, pues ni se reunió con todos los abusados.

Petición

Con ello, se pide que se reanuden los trabajos de esta comisión con nuevos integrantes, entre los que haya también representantes de las víctimas y profesionales interdisciplinarios, para llevar adelante una agenda de trabajo que se encamine hacia una reparación de los daños sufridos por los perjudicados, muchos de los cuales ahora se encuentran en dificultades económicas en la vejez.

“En nuestra condición de mayoría de las víctimas históricas, a quienes la Comisión de Acercamiento a las Víctimas nunca se acercó, solicitamos la reapertura de esta Comisión instituida por el fallecido cardenal De Paolis, ya que no cumplió con el objetivo para la que fue creada, puesto que declaramos, de manera tajante y contundente, que dicha comisión no se acercó a todas y a cada una de las víctimas históricas”, escribieron.

El objetivo de la nueva comisión, en opinión de las víctimas, deberá ser “evaluar y acordar la determinación de los daños que se nos hayan ocasionado, encaminados a su reparación”, según han escrito Barba Martin y Pérez Olvera, en calidad de representantes de ocho víctimas de Maciel y del grupo ultraconservador, todos ellos de nacionalidad mexicana.

Con ello, el colectivo ha asimismo pedido que el tema se aborde en la Asamblea General Extraordinaria del Regnum Christi, que comenzó el pasado 9 de abril y continuará hasta el 18 de este mismo mes, como continuación del Capítulo Extraordinario de la Legión, para debatir sobre la futura organización de los Legionarios.

Más aún, también se ha solicitado actos de las comunidades legionarias en Roma y en México, de reconocimiento de las víctimas de la congregación católica.

“Nosotros sufrimos abusos en una época en países como España en una época, la franquista, en la que ni había relaciones con México. Se es imaginable lo que sufrimos”, explicó, en esta línea, Barba.

“Entender lo que hemos sufrido es muy difícil. Los Legionarios lanzaron campañas de desprestigio contra nosotros hace muchos años y su poder todavía es muy fuerte, mientras que nosotros estamos envejeciendo y algunas víctimas están muy enfermas”, añadió.

Al cierre de este artículo, los Legionarios también seguían sin responder a una petición de información.

Caso Barros

La queja de las víctimas de Maciel llega en momentos delicados para la Iglesia católica después de que el papa Francisco reconociera el miércoles —también a través de una carta— que cometió graves errores en los escándalos de abusos sexuales perpetrados por clérigos en Chile, e invitara a algunas de las víctimas a Roma.

“He incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada”, escribió el Papa, de acuerdo con la misiva leída por Fernando Ramos, secretario general de la Conferencia Episcopal de Chile.

“Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas”, agregó el documento.

Con ello, el Papa ha dado una extraordinaria marcha atrás después de que en enero defendió públicamente al obispo de la sureña ciudad chilena de Osorno, Juan Barros, quien ha sido reiteradamente acusado de encubrir los abusos cometidos por su mentor, el sacerdote Fernando Karadima.

No obstante, a causa de la presión en torno al caso, en particular de los medios de comunicación, Francisco se decidió finalmente a enviar a Chile al fiscal Charles Scicluna, uno de los mayores expertos vaticanos en materia de abusos y quien se entrevistó en febrero con varios testigos y víctimas de los abusos sexuales de Karadima.

“En todo caso, el incidente de Barros ha sido un golpe muy fuerte para el papado. El error ha venido del máximo representante de la Iglesia y eso es muy grave”, indicó Barba.

Los legionarios piden perdón

En respuesta a la carta enviada por José de Jesús Barba Martín y José Antonio Pérez Olvera a los Legionarios, esta congregación pidió perdón a todas las víctimas que a lo largo de su historia han sufrido algún tipo de abuso, “sabiendo que esta petición de perdón nunca será suficiente para sanar las profundas heridas”.

En particular expresaron su hondo pesar por el abuso de seminaristas menores de edad, cometidos por el fundador de los Legionarios, Marcial Maciel, “los actos inmorales con hombres y mujeres adultos, el uso arbitrario de su autoridad y de bienes, el consumo desmesurado de medicamentos adictivos y el haber presentado como propios escritos publicados por terceros.

“Nos resulta incomprensible la incoherencia de seguirse presentando durante décadas como sacerdote y testigo de la fe mientras ocultaba estas conductas inmorales. Todo esto lo reprobamos firmemente. Nos apena que muchas víctimas y personas afectadas hayan esperado en vano una petición de perdón y de reconciliación por parte del P. Maciel y hoy queremos hacerla nosotros, expresando nuestra solidaridad con todas ellas”, expresaron en una carta.

Asimismo, dijeron reconocer que un abuso, independientemente de su naturaleza, “causa un dolor profundo y daña a quien lo ha sufrido, a su familia y también a la Iglesia”.

Y concluyen:

“Conscientes del compromiso como Iglesia y por nuestra historia institucional, estamos firmemente comprometidos en seguir implementando nuestra política de ambientes seguros para los menores y adultos vulnerables que tienen contacto con las personas que participan en nuestras actividades apostólicas, educativas y pastorales”.

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