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Noche triunfal. En su tercera postulación a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, asumió la victoria tras una noche que, en cascada, reconoció, apenas cerradas las últimas casillas, su ventaja electoral.

A tres lustros desde que se perfiló como candidato presidencial, esta noche, López Obrador agradeció a quienes lo han acompañado, despejó las últimas dudas sobre su proyecto de nación, con una oferta más moderada en el plano económico de lo que será su gobierno y, sin escatimo, reconoció la admisión de los resultados por parte de sus opositores a los que llamó, como a todo el país, a la reconciliación y La Paz.

Los ecos de sus dos derrotas apenas si se perfilaron en un reconocimiento más:

“Debo reconocer el comportamiento respetuoso del presidente Enrique Peña Nieto muy diferente —y lo digo porque me consta— al trato que nos dieron los pasados titulares del poder ejecutivo”, dijo.

Amplio el margen, la pantallas gigantes transmitieron los resultados del conteo rápido con el presidente del INE, Lorenzo Córdova, e inmediatamente después, el mensaje del presidente en funciones Enrique Peña Nieto.

Momentos después, López Obrador, seguro e incuestionable ganador de la contienda, apareció del brazo de su esposa, Beatriz Gutiérrez Muller, y sin mayor preámbulo tomó el podio colocado al efecto en un salón del Hilton Reforma.

Desde ahí, llamó a la reconciliación y la paz, citando a Vicente Guerrero: “la patria es primero”, y expuso lo que ha sido su programa de ofertas de campaña, reiterando su respeto a las libertades.

En su alocución, planteó la construcción de una democracia plena y explicó:

“El nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia. No apostamos a construir una dictadura abierta ni encubierta.

“Los cambios serán profundos, pero se darán con apego al orden legal establecido. Habrá libertad empresarial; libertad de expresión, de asociación y de creencias; se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución”.

Con muchedumbres que se arremolinaban en el exterior del hotel sede, el político tabasqueño repasó lo que han sido sus compromisos de campaña, refrendando la autonomía del Banco de México, una actuación con disciplina financiera y fiscal, sin deuda.

Lejos ya de su oposición absoluta a la reforma energética, habló de respetar los contratos con empresas extranjeras, y en el sector, dijo que revisaría los contratos para prevenir corrupción pero siempre actuando dentro de la ley en tribunales nacionales e internacionales cuando sea necesario.

Inclusive, dijo que no habrá expropiaciones ni confiscaciones.

Pero fue enfático en su noción de combate a la corrupción, causante como ha venido diciendo, de la desigualdad y la violencia.

“La transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país. No tendremos problema en lograr este propósito porque el pueblo de México es heredero de grandes civilizaciones y, por ello, es inteligente, honrado y trabajador. La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Estamos absolutamente seguros de que este mal es la causa principal de la desigualdad social y económica y de la violencia que padecemos. En consecuencia, erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo gobierno”.

Su discurso triunfal incluyó la fraseología que ha mantenido desde hace años: un gobierno para todos y no para una minoría; cambiar la política de uso de la fuerza por atender causas profundas como la desigualdad; y, cómo venía anunciando, dijo que a partir de mañana convocará a especialistas en derechos humanos, Naciones Unidas y líderes religiosos para integrar un programa de pacificación.

En sus reconocimientos incluyó a líderes globales y jefes de estado con los que dijo, ya había hablado en las horas previas.

Además, reconoció el pluralismo de los medios de comunicación de los que dijo, no se prestaron a ser la correa de transmisión de la guerra sucia y añadió su agradecimiento a las redes sociales.

Acompañado por la dirigencia de Morena y de los partidos PES y PT, que integraron la coalición “Juntos Haremos Historia” que lo abanderó, así como de los miembros del gabinete que ha propuesto para iniciar el gobernó, finalmente expuso:

“Reitero el compromiso de no traicionar la confianza que han depositado en mí millones de mexicanos. Voy a gobernar con rectitud y justicia. No les fallaré porque mantengo ideales y principios que es lo que estimo más importante en mi vida. Pero, también, confieso que tengo una ambición legítima: quiero pasar a la historia como un buen presidente de México.

“Deseo con toda mi alma poner en alto la grandeza de nuestra patria, ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de todos los mexicanos”.

López Obrador concluyó su mensaje y se trasladó al Zócalo capitalino para encabezar los festejos por su victoria electoral.

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